El último lugar donde Ivie espera que se le acerque un hombre devastadoramente guapo es en un bar de cigarros lleno de gente y humo que raramente es frecuentado por vampiros, pero aquí está. Silas es coqueto, galante y, sobre todo, misterioso. Ivie es cualquier cosa menos. Ivie, una enfermera de la clínica de la curandera y hija de un motorista, está acostumbrada a decir lo que piensa. Así lo hace ella. Como los aristócratas rara vez recogen mujeres de su clase, Ivie le pregunta a Silas qué tipo de juego cree que está jugando.
A pesar de su cuidado exterior, Ivie se rinde ante el feroz deseo que siente por Silas. Y sin embargo, justo cuando su noviazgo se está calentando, él revela que no puede durar, ya que está obligado a regresar al Viejo País. Su vínculo solo se profundiza a medida que aprovechan al máximo su precioso tiempo juntos. Pero cuando ella descubre la verdad, Ivie debe encontrar una gracia salvadora, antes de que todo se pierda. . . .
No puedo decir que el libro sea raro, porque no lo es. Lo raro es que no siga el patrón de los otros libros de Ward.
Es un relato corto, de 100 páginas y fracción, narrado desde un único personaje, donde no se muestra ningún pensamiento o experiencia de otros, ni salen relatos de la hermandad. Los únicos que salen en el libro que forman parte de ese grupo son Doc.Jane y Manny, pero más que tener un rol en la historia solo reciben menciones.
A pesar de eso el libro es atrayente, mantiene cautivado hasta el final, y, como bien sale en el resumen inicial del libro, se intuye porque se le llama la "introducción" del siguiente libro, pero nada queda clarificado en concreto, lo que hace más atrayente la siguiente historia.

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